Diversificación industrial y el capital indiano

A finales del siglo XIX la diversificación industrial en Gijón era importante, y buena parte de las grandes empresas como la fábrica de vidrios “La Industria” (fundada en 1843), la de loza “La Asturiana”(1876), la siderúrgica de la sociedad anónima Moreda y Gijón (1879), o la refinería de petróleo de Rufino Martínez y Cía (1890), tendrían continuidad a lo largo de la centuria posterior. El auge inversionista del cambio de siglo y la revalorización de los terrenos próximos al futuro puerto de El Musel extendería el establecimiento de nuevas industrias hasta el barrio de La Calzada. Así en 1899 comenzaba a funcionar La Algodonera, al año siguiente se inauguraba la fabrica de vidrios “Gijón Fabril” y la Compañía Gijonesa de Hilados y Tejidos, y en 1901, entre otras, la Fábrica de Sombreros del Crédito Industrial Gijonés. De toda esa variedad industrial, el comercio marítimo y la navegación constituían una de las más relevantes actividades, dando lugar al nacimiento de un nutrido sector de la burguesía comercial en Gijón, que constituyó la base para la formación de una clase acomodada que dotaría a la ciudad no solo de equipamientos e instalaciones industriales, sino también de nuevos espacios públicos y de ocio.

A principios de los años ochenta, los tres armadores de buques de vapor poseían en conjunto 19 barcos, con 8.800 toneladas en total y a finales de esa década, en 1898, cuatro de las cinco compañías navieras asturianas estaban asentadas en la villa gijonesa. El tráfico marítimo era intenso, varias líneas de vapores tenían establecidos servicios regulares desde Gijón a puertos nacionales y extranjeros, como los de Marsella, Liverpool, Amberes o Bremen.

Una larga lista de consignatarios, comisionistas, agentes de aduanas, armadores de buques creció a la sombra de ese dinamismo naval y portuario, de modo que en 1899 había 8 consignatarios, 12 agentes de aduana, 16 comisionistas y 17 armadores. Tal auge permitió que en 1904, la cifra alcanzase los 27 armadores, 18 consignatarios, 45 comisionistas y 9 agencias de aduanas. El incremento de los tráficos carboneros y la apertura de El Musel impulsarían el asentamiento de modernos diques y astilleros de reparación y construcción de buques en el frente marítimo de la concha de Gijón. En 1902 la Sociedad Riera, Menéndez y Cía., fundaba un astillero en La Calzada; en 1906 hacía lo propio en el Natahoyo, junto a los muelles de Fomento, la Sociedad Astilleros del Cantábrico, y cinco años después la empresa Constructora Gijonesa inauguraba un nuevo astillero próximo a punta Coroña, hoy ocupado por el astillero de Izar.

La importancia mercantil e industrial de la “Villa de Jovellanos” determinaría el establecimiento en 1884 de una sucursal del Banco de España, y poco tiempo después la confluencia de intereses permitiría paralelamente la creación y desarrollo de entidades financieras locales. Así, el 20 de octubre de 1899 nace el Banco de Gijón, fruto de la transformación en sociedad anónima de la Casa de Banca Florencio Rodríguez, que a su vez, había sido fundada en 1894 por éste, a su regreso de Cuba. El banco se asentó sobre los caudales de ultramar, controlado tanto en la presidencia como en el consejo de administración por quienes tenían negocios a uno y otro lado del Atlántico.

Un caso especial entre las entidades financieras asturianas, fue el Crédito Industrial Gijonés que surgió en 1900 y pese a su corta existencia, se convertiría en la sociedad de promoción industrial más dinámica e innovadora que tuvo Asturias. Fue concebido como cabeza visible de un diversificado complejo industrial y mercantil que se articulaba en torno al puerto de Gijón, como punto de destino y redistribución de la riqueza hullera regional. Proyectado y dirigido en sus aspectos técnicos por Luis Adaro Magro, lo componían inversores extranjeros, vascos, así como destacados industriales y comerciantes asturianos caso de Luis Belaunde, Antonio Velázquez Duro, Casimiro Velasco Heredia, o Zoilo Alvargonzález.

Aún con la influencia inversora que siguió a la repatriación de capitales ‘indianos’, la economía regional llegó sin embargo, a entrar en una fase de lento crecimiento. La celebración de la Exposición Regional en Gijón en el verano de 1899 supondría la presentación ante el público asturiano de la importancia y el desarrollo mercantil e industrial de la región. En 1904, Gijón contaba con 148 instalaciones fabriles, muchas de las cuales no pudieron resistir la crisis posterior viéndose abocadas al cierre.

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