La calidad de las aguas, el tráfico marítimo, la explotación pesquera y la poca aceptación social en la villa de Jovellanos les resultan desfavorables

El proyecto de Mar Abierto describe la composición de la empresa, las instalaciones y obras a ejecutar, el plan de empresa a cinco años, la técnica de cultivo, el impacto ambiental y los controles periódicos que se deben llevar a cabo. E incluye también en los anexos un estudio económico y financiero de la iniciativa, una situación del lugar elegido para instalar el parque, el plano y descripción de las instalaciones así como de los elementos de cultivo empleados, un estudio preliminar de impacto, un anteproyecto de balizamiento de la zona y, por último, las escrituras sociales de la empresa.

En el punto cinco del estudio, que versa sobre el análisis de alternativas y justificación de la solución adoptada, la empresa expone que «se contempla como alternativa de ubicación para el proyecto las proximidades del Puerto de Gijón». En la misma, se analizan como puntos mejores «la altura del oleaje en la zona de 1 a 3 metros, la velocidad de la corriente marina que es mayor de 15 centímetros por segundo, la temperatura máxima del agua de 22 a 24 grados, la temperatura mínima de 12 grados, el promedio de salinidad de 25 a 37 y la oscilación de la salinidad menor de 5. Son solo algunos de los valores que figuran en el proyecto. Sin embargo, la empresa concluye que «los estudios y consultas previas resultan desfavorables respecto a la opción escogida, en Caravia. La razón de mayor peso es que el parque de cultivo supondría mayores impedimentos a la navegación, al ser una zona muy transitada por embarcaciones de todo tipo que operan en Gijón».

Exponen además que «a esto hay que sumar una peor calidad de las aguas por los vertidos industriales y urbanos procedentes del entorno de la ciudad». Y, por otro lado, apuntan a que en Gijón «hay una menor aceptación del proyecto por parte de los pescadores artesanales que normalmente realizan su actividad en esta zona».

Y es que, como bien explicó ya el portavoz del proyecto, Manuel Serrano, para la empresa es fundamental recibir el parabién de los pescadores de la zona para su instalación. Por este motivo, han incluido a la cofradía de Lastres en el accionariado de la proyectada planta de cría de mejillones. Sin embargo, las voces críticas se han pronunciado ya rechazando la iniciativa.

Impacto ambiental

La empresa defiende que, a pesar de que prevé una producción por hectárea de unas 62 toneladas al año, el proyecto corresponde a un tipo de acuicultura extensiva para lo que solo es necesario presentar una evaluación de impacto ambiental simplificada. Respecto a la afección directa o indirecta a espacios de la Red Natura 2000, asegura que «la localización del proyecto se encuentra en una zona que no está incluida en ninguna de las figuras de protección» que establece esta red ecológica de áreas de conservación de la biodiversidad europea. Las más próximas al emplazamiento del cultivo son la ZEC Yacimientos de Icnitas de Colunga y el Monumento Natural de la Playa de Vega y Entrepeñas.

La memoria también afronta una serie de estudios de impactos. Sobre el fondo marino, concluyen que al utilizar el sistema de anclaje al fondo con bloque de hormigón reducirán la erosión del fondo «con predominio rocoso y presencia dispersa de arena». Sobre la hidrodinámica y las corrientes también consideran que habrá «un impacto directo, reversible que se valora compatible» porque aunque «se trata de una zona con profundidades de 25-35 metros, en aguas abiertas, la hidrodinámica es muy activa pero el efecto pantalla que produce la planta es muy pequeño, sin impactos negativos». Sobre la fauna bentónica dice que «la probabilidad de alteración física o biológica sobre el fondo y la comunidad bentónica derivados de las deposiciones y residuos de laboreo es muy baja o nula». Sobre la fauna pelágica así como aves y mamíferos marinos también valora la planta como «compatible», al igual que sobre la población , los sectores económicos, las infraestructuras y el paisaje.

No obstante, el documento presentado en Pesca propone una serie de medidas preventivas y correctoras en la fase de instalación, de explotación así como sobre la retirada de materiales sobrantes y elementos de fijación. También propone un programa de vigilancia ambiental.

Fuente:
El Comercio digital