Rubén Rodríguez, nuevo director de la Escuela Superior de Marina Civil: «Quienes navegan son personas muy resolutivas. Un buque es una pequeña ciudad en la que tienen que resolver sus propios problemas»

Rubén Rodríguez, langreano de 43 años, casado y padre de dos mellizas de cinco años, es desde el 29 de septiembre el nuevo director de la Escuela Superior de Marina Civil de Gijón. Es profesor de Mantenimiento y Motores, especialidad que le permitió acceder a la docencia no en el centro del que fue alumno y que ahora dirige, sino en la Escuela de Ingeniería Industrial.

¿Qué le animó a optar al puesto?

-Teníamos un problema porque Daniel Ponte agotó su mandato y quería descanso. Convocó elecciones, pero no se presentó nadie, así que accedió a seguir un año más, hasta el inicio del curso actual. Buscamos un relevo consensuado, porque el único candidato fui yo, y desde hace varios meses estuve de jefe de estudios, para ir tomando contacto con la dirección.

¿Qué pidió para aceptar el cargo?

-Nada especial. Contar con la colaboración y respaldo del profesorado. Se puede decir que todos me manifestaron apoyo. Es un puesto bastante singular dentro de lo que es un centro universitario por nuestra estrecha vinculación con Marina Mercante.

¿Cuáles son sus proyectos?

-El reto más importante y que nos toca abordar a corto plazo es el relevo generacional del profesorado. Este año se jubilan cuatro o cinco profesores que llevan mucho tiempo en la Escuela y del Departamento de Ciencia y Tecnología Náutica, que es el más específico porque incluye materias como navegación y maniobra, el 80% está en edad de jubilarse en el plazo de dos o tres años.

Su antecesor denunció muchas veces los problemas de sustitución.

-Sí. Estamos condicionados por convenios internacionales que exigen que los profesores, además de cualificación académica, tengan experiencia profesional. Para alguien que acaba de salir de la Universidad, quedarse a dar clases puede ser atractivo, aunque no gane mucho, pero alguien con siete años en la empresa privada es difícil que acepte las condiciones de incorporación a la enseñanza. Y si falta profesorado, se puede llegar a perder la homologación de la Escuela.

¿Tiene solución ese problema?

-Lo estamos buscando. El equipo rectoral ha sido sensible y nos ha dado cierto margen de maniobra que nos ha permitido incorporar recientemente a dos profesoras. También hablamos con el Principado, que es la entidad que aprueba las distintas figuras de profesorado, para crear algún tipo de figura, temporalmente o en condiciones especiales, que nos permita conseguir los docentes que necesitamos. Es lo que hicieron en otras comunidades autónomas. Estamos hablando claramente de salario. Con la figura de profesor asociado, los sueldos no son atractivos.

¿Por qué ahora hay tantos problemas para embarcar como alumno?

-Yo diría que siempre fue un problema. Hay empresas más receptivas que otras y algunas, simplemente, no quieren admitir alumnos, porque dicen que no les aportan mucho y les supone un coste. Yo creo que es una mala política, porque embarcar alumnos permite crear una cantera de profesionales. En todo caso, estamos haciendo un esfuerzo en ese sentido y tenemos varios convenios con distintas navieras.

En un sector tan globalizado, ¿hay países más proclives a admitir alumnos?

-No aprecio diferencias. Nosotros encontramos más facilidades en navieras españolas porque a veces ocupan puestos relevantes antiguos alumnos que intentan echarnos una mano, especialmente si tienen responsabilidades en el departamento de recursos humanos.

Expectativas-Hay quien dice que conocer mundo ya no es un motivo para embarcar, pues los barcos operan a menudo en terminales que ni les permiten acercarse a un puerto. ¿Qué lleva ahora a ser marino?

-Efectivamente, la idea romántica de conocer mundo ha desaparecido para el marino. Pero tiene el atractivo, por ejemplo, de una buena posibilidad de conseguir empleo. Muchos de nuestros alumnos encuentran trabajo en un plazo muy corto. Cerca del 90% de las mercancías se mueven por mar y eso puede incluso aumentar, así que las expectativas son mejores que en otros sectores.

Y en tierra…

-También. Quienes navegan son personas muy resolutivas porque un buque es una pequeña ciudad en la que tienen que resolver sus propios problemas. El marino goza ahora de reconocimiento en sectores donde hasta no hace mucho no tenía presencia.

¿Cuál es ahora el perfil del alumno de náutica?

-Hay diferentes. Al menos, dos muy distintos. Uno es más vocacional, a menudo por vínculos familiares que tienen una fuerte relación con la mar. Pero también nos llega gente atraída por la versatilidad de la formación que aquí reciben. Yo tuve un profesor que decía que aquí no somos especialistas en nada, pero sabemos un poco de todo. Por lo tanto, sigue habiendo una parte del alumnado con llamada vocacional a la mar, pero también un sentido práctico.

Fuente:
El Comercio digital