Para resolver el embrollo de la estación intermodal y del túnel ferroviario, el ministro de Fomento acaba de meternos en el túnel del tiempo. Habrá que hacer un nuevo plan urbanístico, así que regresamos al 31 de julio de 2008, porque el 1 de agosto siguiente tuvo lugar la aprobación definitiva por el Ayuntamiento del plan especial para la integración del ferrocarril en Gijón, que venía a dar contenido a la propuesta del arquitecto Jerónimo Junquera, ganador del concurso internacional de ideas convocado al efecto. Junquera también fue adjudicatario, en mayo de 2009, de la redacción del anteproyecto de acondicionamiento de la cubierta de la estación intermodal y su entorno.

El ministro vino el otro día a Gijón con su propuesta como si el pasado no existiera, como si desde diciembre de 2011 no gobernara el PP, que desde entonces se ha limitado a consumar el derribo, ya previsto, de la estación del Humedal y a intentar la venta de la primera fase de los terrenos exferroviarios, parcelados en la forma que aprobó en marzo de 2014 el Ayuntamiento presidido por la actual alcaldesa. Esto es, nada nuevo en más de cinco años y medio. Y nada es nada.

La propuesta ministerial, además de que significa volver a empezar, contiene aspectos negativos desde el punto de vista gijonés (los positivos ya se encargarán de cantarlos los trovadores y trovadoras de las brigadas de propaganda, aunque sería injusto no subrayar aquí el detalle enternecedor de que los dibujos publicados acerca de esa propuesta incluyan el trazado de un carril bici, señal inequívoca y expresión delicada de la sensibilidad que en materia de ecología, contra el calentamiento global y a favor del desarrollo sostenible inspira lasactuaciones de las dos administraciones concernidas).

En el lado insatisfactorio de lo que propone Fomento está la disminución de la longitud del soterramiento, que empezará a la altura del Palacio de Justicia, igual que será una grave carencia el hecho de que las líneas de Feve no circulen por el túnel hasta Cabueñes, lo que perjudica a una amplia parte de la población asturiana usuaria de ese medio de transporte: el valle del Nalón, Carreño y Avilés y su populosa comarca, privada así de un acceso directo por vía férrea al campus universitario de Gijón y a otros sectores de la villa. Tampoco es motivo de satisfacción el esfuerzo económico a que se obliga el Ayuntamiento, que tendrá que aportar más de 60 millones de euros en el supuesto más pesimista.

La referencia a la estación de Viesques es absurda, porque la estación aludida no está en Viesques, sino en un descampado, en la parroquia de Bernueces, a no menos de unos 400 metros del edificio habitado más cercano -distancia superior a la que se gana en ´centralidad´ con el traslado de la estación intermodal- lo que permite albergar serias dudas sobre su utilidad para futuros viajeros, si es abierta con ese fin (del rigor de Gijón al Norte, la sociedad encargada de la cosa ferroviaria, puede dar idea el hecho de que afirme en su página web que Gijón tiene «una población de unos 260.000 habitantes», cuando en realidad ya tenía más de 270.000 cuando en noviembre hará quince años se constituyó la citada empresa).

Hay que agradecer al ministro, sin embargo, su sinceridad al afirmar ayer en EL COMERCIO que el AVE se quedará en el municipio de Lena y no llegará a Gijón ni a Oviedo (ni a Avilés, como la propaganda desbocada prometía). Desde allí hasta la costa, seguirá la vía en ancho ibérico hasta el fin de los siglos, o poco antes, anuncio recibido con resignación evidente por los poderes públicos municipales. Se echa de menos, en cambio, una explicación ministerial sobre la solución que aplicará su departamento para que, una vez instalada la vía de ancho internacional, haya tráfico mixto por la variante de Pajares, proyectada y construida con ese objetivo, y nos permitirá, sin duda, el señor De la Serna colocar en la nevera su alusión a la inversión de 145 millones de euros en la vieja rampa ferroviaria. En este aspecto falta claridad. Lo que está muy claro es que todo, la operación payariega y la gijonesa, van para largo, para muy largo, y la amplitud de los plazos planteados autoriza a barruntar cambios en el Ministerio de Fomento y en el Ayuntamiento de Gijón, que podrían afectar de manera imprevisible al desarrollo del proceso. Esa pareja política de hecho, además de entenderse en graves asuntos de Estado como los relativos a los caminos de hierro, podría ocuparse de lo menudo: en la estación de Gijón hay un par de carteles de Renfe, con los horarios de los trenes de largo recorrido, que tienen cincuenta faltas de ortografía (aunque errores como ´león´ y ´valladolid´, han sido subsanados) y el anuncio sobre cambios en la ORA, publicado anteayer por el concejo, se aproximaba a esa cifra, con más de cuarenta faltas de la misma índole, entre ellas, ´Arguelles´, ´Zarrazina´ y ´Muniza´. Ahí queda eso .

Fuente:
El Comercio digital