Desde 1996, el puerto deportivo de Gijón venía disfrutando de la bandera azul que anualmente otorga la Fundación Europea de Educación Ambiental a las playas y puertos que cumplen de forma estricta una serie de parámetros ambientales y de calidad. Esta misma semana se ha conocido la pérdida de la bandera azul que Gijón y su instalación portuaria deportiva habían mantenido izada a lo largo de dos décadas, lo que ha supuesto un jarro de agua fría para la promoción turística de la ciudad, que alardeó con orgullo del distintivo europeo que premia la calidad de las aguas, la seguridad de las instalaciones y la gestión ambiental de puertos y arenales.

Lo más triste de la retirada de la concesión es la causa. No se pone en cuestión la gestión de los responsables del puerto deportivo, sino la suciedad de los fondos marinos, donde se acumulan cientos de kilos de basura y desperdicios que se echan al mar desde el paseo, que se encuentra a un paso de una de las zonas de ocio nocturno más frecuentadas.

Cada año, un equipo de buzos de la Federación de Actividades Subacuáticas del Principado realiza una actuación en este entorno marino urbano y el resultado no puede ser más desalentador. En la última extrajeron 900 kilos de basura en apenas una hora de inmersión. La "pesca" de los buceadores hizo aflorar objetos impensables, como papeleras, ruedas, paraguas, conos de obra, zapatos y hasta la batería de un coche. Pero sobre todo kilos y kilos de vasos, copas y botellas de cristal lanzadas cada fin de semana al mar por puro incivismo. Tal es la cantidad de vidrio depositado que podría decirse que el fondo marino del puerto deportivo tiene el suelo de cristal.

La retirada de la distinción es una mala publicidad para la instalación portuaria gijonesa, en un año en el que se va a convertir en la única dársena de llegada en España de la primera etapa de la 48.ª edición de "La Solitaire-Urgo Le Figaro", entre Burdeos y Gijón, a principios de junio. Se trata de una de las regatas más relevantes del panorama europeo, en la que participan 40 tripulantes con un único tipo de barco, en solitario y sin asistencia, y que cuenta con un importante eco mediático. Pero resulta aún peor publicidad para Gijón como ciudad de atracción turística que se perpetre cada fin de semana un atentado medioambiental que no sólo supone la retirada de la bandera azul, sino que además daña la calidad de las aguas del puerto y el entorno marino.

Conviene hacer desde estas líneas una llamada al civismo de quienes utilizan con toda impunidad el puerto deportivo como si fuera un vertedero. Y llamar también la atención de las autoridades locales para que incrementen la vigilancia en una zona cuyo valor turístico y también ambiental hay que preservar a toda costa.

Fuente:
La Nueva España