El navío, que viajaba de Nueva York a Burdeos, fue atacado por un submarino alemán y los marineros llegaron en botes salvavidas a la Espuncia

Hace cien años, un 28 de mayo, veintiocho tripulantes llegaron a las costas de Villaviciosa tras abandonar su barco, que había sido atacado por un submarino alemán a quince millas del Cabo Peñas. Corría el año 1917. En plena primera Guerra Mundial. La escena sorprendió a todos los vecinos de la localidad, quienes no dudaron ni un momento en dar cobijo a los marineros. El carguero, un buque griego, viajaba de Nueva York a Burdeos con carga general, en su mayoría aceite lubricante.

El barco se encontraba navegando a la altura del Cabo Peñas cuando un submarino alemán le disparó dos cañonazos de aviso para que se detuviera. Según explicó el capitán en aquel momento, tras enterarse del rumbo que llevaban, los alemanes ordenaron a la tripulación del Efstathios, como se llamaba el navío, que procedieran a abandonarlo.

Lo hicieron de forma inmediata y se embarcaron en dos botes salvavidas. Poco después, el barco era hundido por el sumergible. Los náufragos llegaron a la costa de Tazones y desde allí siguieron hasta el puerto de la Espuncia, donde subieron a tierra.

«Después, fueron trasladados a la Fonda Madrid, donde les hospedaron. Les acompañaron desde la Espuncia don Obdulio Fernández -gerente de la fábrica El Gaitero-, la ayudante de la Marina, el teniente de carabineros y el vista de aduana, seguidos de numerosas personas», según relataba en su crónica el corresponsal de EL COMERCIO de la época.

El periódico recogió durante varios días la aparición de diversos barriles de aceite en distintos puntos de la costa asturiana. Los primeros aparecieron en tierras gijonesas, pero la marea llegó a trasladarlos hasta Lastres.

«Tanto estos, como el salvavidas, fueron conducidos a puerto, procediendo a desembarcar aquellos en el muelle de Liquerica, y el bote, en la rampa llamada del antepuerto a disposición de la autoridad de Marina», podía leerse. La mercancía fue arrastrada, incluso, hasta las cercanías de la localidad cántabra de San Vicente de la Barquera.

Lancha a vapor de El Gaitero

El buque tenía capacidad para 7.000 toneladas, aunque tenía registradas 2.504 netas, y había costado a la compañía cuatro millones de pesetas. Fue la vapora José Mari, propiedad de Sanjurjo y Jaureguizar, la que encontró la mayoría de los barriles en diversas salidas.

Por su parte, los tripulantes llegaron a Gijón dos días después del suceso con el objetivo de visitar al cónsul de su país para que les facilitase los medios necesarios a fin de trasladarse a Bilbao.

Según se recogía en las páginas del decano de la prensa asturiana, estaban «muy agradecidos» por las atenciones que habían tenido para con ellos las autoridades de Villaviciosa y todos sus vecinos.

El gerente de El Gaitero les facilitó la lancha vapora para que desembarcasen en tierra, así como carros para el equipaje, y el dueño del café Imperial les dio varias botellas de coñac.

A pesar de haberse cumplido un siglo, el hundimiento del navío y la llegada al puerto maliayo de los veintiocho tripulantes sigue siendo un acontecimiento recordado en Villaviciosa.

Fuente:
El Comercio digital